Tuesday, January 02, 2007

Anotaciones de un diario XXVIII – Infierno

Enero 4, 2006 - 07:00 am

Llevo varios días sin tocar mi preciado diario. Creo que esta locura nos hace alejarnos de nuestras necesidades espirituales relegándonos a lo estrictamente básico.

Hace dos días llegamos a Cúcuta después de sortear toda clase de contratiempos. El 30 de Diciembre se desató el caos en Caracas y eso fue incontrolable. Silueta me convenció de que no habría manera de sobrevivir a la implosión social que se nos venía encima... no tuvo más remedio que hacerle caso.

Aparentemente se regó la bola de que nuestro ex candidato opositor Rosales ahora estaría de embajador en Washington. Eso, aunado con un ataque incesante de bombardeos dispersos que se suponían sería para disminuir las filas del régimen, pero que resultó en una sanguinaria aniquilación de nuestras filas, hizo que el Gr. Nestor así como Oswaldo Alavarez, repensaran la idea de someter al que suponíamos escaso ejército Chavista.

Hasta la fecha, sabemos que el ejército Chavista se nutre de Asesinos a Sueldo enviados desde Cuba, Rusia, Colombia y Sur África. Son en su mayoría venezolanos comunistas adiestrados por Rusia y que deambularon por todo el globo. Ahora han vuelto y están haciendo una gran orgía de la guerra.

Recuerdo bien el mismo 30 de Diciembre cuando estábamos ya a la altura de la UCV. La luz de la tarde luchaba incesante por atravesar los espesos nubarrones que se cernían sobre la ciudad. Eran las 5 de la tarde y los rayos solares proyectaban sombras realmente aterrorizantes de lo que quedaba de la plaza de las tres gracias.

Avanzamos lentos y cautelosos por toda la plaza hasta tomar el edificio de Toyota. Hasta aquí la tarea fue fácil. El problema sobrevino cuando el capitán Avendaño dio órdenes de avanzar hasta la estación de metro de los Símbolos. Fue silueta (Andrea) quién se percató de que las estaciones “selladas” de metro estaban siendo usadas como transporte de soldados y armas! Por eso les era tan fácil movilizarse. Nadie se había percatado hasta ese momento. Ella lo notó porque vio a tres soldados salir de una portezuela en el piso, llevando con ellos lo que parecía un baúl y que el sargento Estrada reconoció como un misil RPG.

Los pudimos reducir sin problema, pero: ¿quién puede pensar que bajar al metro podía ser una buena idea? A que no adivinan...

El capitán pensó que podríamos avanzar mejor y más cómodos por el metro. Si ahí habían Charlies, probablemente no se habrían percatado de que ya sabíamos su treta. Efectivamente bajamos por una escalera larga, de unos 10 metros de profundidad hasta llegar a lo que parecía ser un cuarto de servicio. Estaba cerrado por dentro, así que bajó Francisco y el Sargento Estrada primero, luego el resto del equipo muy lentamente procurando no hacer ruido mientras Francisco y Estrada escrutaban el área. No hubo problema en esta etapa.

Los ahora tres sargentos nos lanzamos una moneda a ver quién lideraba el grupo. Conociendo mi suerte no me extrañó el resultado. Procedimos a montarnos el equipo ya que definitivamente íbamos a encontrar acción. Afortunadamente Daniel todavía conservaba un par de “ojos nocturnos” los cuales nos pusimos justamente él y yo quienes iríamos al frente del convoy. Avanzamos desde el cuarto de servicio a lo que parecía ser un depósito donde la puerta daba directamente a un corredor.

Estábamos justo en la estación de “ciudad universitaria”. Había luz en los corredores y poco movimiento. Encontramos que las cámaras de seguridad estaban activas. Definitivamente estos Charlies nos estaban jodiendo desde abajo.

En algún momento recuerdo que las tropas llegaron a tomar el metro pero hasta Chacao. Después de ahí y según los gurús de construcción, todo estaba trancado. Lo que nadie había reparado es que estos loquitos tenían tomadas todas las estaciones y accesos a estas: era un mundo subterráneo lleno de vida.

Daniel estaba renuente a avanzar. Definitivamente era una locura salir, en cambote, desde un cuartito a atacarles. Así que esperamos pacientemente y procuramos analizar nuestras opciones. Fue Francisco “el leches” quién se topó con que estábamos en un cuarto de municiones. Así que aprovechamos para agarrar todas las granadas de humo y fragmentarias que pudimos, armas, pistolas, magazines, etc. Realmente nos apertrechamos de lo lindo.

Creyéndonos invencibles, diseñamos una estrategia: saldríamos del cuarto en grupos de 4, 3 grupos. Uno iría a la derecha (el primero), el segundo a la izquierda y el último cubriría a los dos. Dicho y hecho. Salimos al pasillo presurosos con las armas apuntándole a las sombras. Avanzamos raudos Daniel, Francisco, Jesús y yo mientras del otro lado iba el Sargento Estrada con su equipo. Llegamos a una esquina y nos topamos con Charlies: era una sala de comunicaciones. Les atacamos sin piedad, pero el ruido de las balas alertó a todo el complejo.

Aseguramos el lugar pero tuvimos que salir corriendo a darle cobertura a nuestros compañeros: este era un pasillo sin salida. Estrada cayó primero, posteriormente Carlos y uno de los reemplazos. Maria Elena estaba debajo del marco de una puerta petrificada mientras las balas le rozaban sin cesar. El sargento Cárdenas intentó darles cobertura infructuosamente, mientras Falcón y Ramírez reventaban puertas para evitar el fuego, topándose con un par de soldados del régimen en plena “faena”. El pasillo fue todo un caos.

Mientras, más soldados llegaban a la entrada del pasillo pero parecían olvidar que nosotros, un buen grupo de nosotros seguía en el arsenal. Lanzamos de todo lo que teníamos sin ningún pudor. Los cuerpos de nuestros soldados se pulverizaban cada vez un poco más mientras el pasillo se iba ensanchando en la entrada producto de las detonaciones de granadas y RPG’s. Luego de transcurrido algo así como 15 min el fuego cesó súbitamente. El sargento Cárdenas en un acto de locura avanzó hasta donde estaba Maria Elena y la cargó para sacarla de ahí, mientras nosotros apuntábamos a la polvareda por si aparecían charlies.

Efectivamente, Maria Elena estaba herida en el tobillo, nada grave, pero en total estado de Shock. Sabíamos que debíamos salir de ahí, pero el capitán seguía en sus trece de avanzar. Como pudimos, mis muchachos y yo llegamos hasta el arsenal, totalmente cagados de que comenzara otra ronda de fuego justo cuando avanzábamos. Pasó no menos de 30 minutos hasta que el capitán ordenó que formásemos un grupo para investigar fuera del pasillo.

Esta vez fue el Capitán al frente junto con dos reemplazos. Tanta locura sólo podía ser comandada por él mismo. Al llegar a la boca del corredor no había nadie, ni sombras, ni humo: simplemente nada. Habrían recogido sus muertos y heridos, pero es que ni la sangre quedó como evidencia. Hicieron detonar el corredor principal dejándonos “atrapados”.

Como pudimos recogimos las cosas y salimos. Al salir y mientras hacía denostados esfuerzos por sacar los 30 Kilos de equipo que llevaba encima noté un destello al otro lado de la plaza, dentro de la ciudad universitaria. Los muy mal paridos estaban tomando posiciones. Con la misma les advertí a los demás que se quedaran adentro mientras Daniel, Francisco y yo alertábamos al grupo que estaba en el edificio Toyota. Y comenzó la lluvia de plomo.

Los charlies atacaron con mortero dos veces la boca en el piso, intentando dejar atrapados al grupo. Pero las balas contra ellos les hicieron apuntar al edificio, llegando a impactar hasta 14 veces la fachada que no daba más. Finalmente logramos reducirlo tras 4 magazines míos, 4 RPG’s dejándonos vacíos del arsenal que cargamos de botín. Como pudimos intentamos asegurar el perímetro (parecería un chiste, pero así lo hicimos) mientras el resto del grupo de ayudaba a salir de esa trampa a la que entramos.

Mientras sucedió este infierno arriba, el capitán aprovechó para analizar el cuarto de control que encontramos. Al parecer estaban estableciendo comunicaciones usando la red del metro. El teniente Rodriguez colocó un “sniffer” vía inalámbrico, pero durante el tiempo que demoró la lucha arriba, pensaron que nunca tendrían oportunidad de colocar el “Beacon” afuera para poder retransmitir. Cuando salieron, lo primero que hicieron fue colocar la antena de retransmisión en la cima de lo que quedó del edificio Toyota. El resto de la tarde fue abrumadoramente tranquilo pero ahí nada más. Mientras transcurría el tiempo, recibimos toda clase de llamados de auxilio por radio desde todas partes mientras el ejército del régimen aparecía como ratas desde las cloacas. Habían esperado que nos acercásemos lo suficiente para aparecer por la retaguardia y aniquilarnos.

A pesar de que murieron tres de nuestros compañeros, esas vidas sirvieron para salvar la del resto del grupo. Ellos murieron para que nosotros pudiéramos “echar el cuento”. Si no hubiésemos entrado, probablemente ahora estaríamos en los símbolos, pegados al suelo y bañados en sangre.

Esa tarde la pasamos Silueta y yo abrazados mientras contemplábamos el cielo oscurecerse y las nubes destellar con los reflejos de las detonaciones. Sabíamos que hoy habíamos perdido. Fue entonces cuando me dijo para huir hacia Cúcuta donde ella tenía familia. En la noche, colaboramos en sacar todo el armamento del “hoyo” como bautizamos el hallazgo. Montamos lo que pudimos en los pinz y Machitos que ahora teníamos. Lo que se quedó era residual y procedimos a volar el “hoyo”.

En la madrugada nos despertó una fuerte explosión en lo que parecía ser la Universidad Bolivariana: cuando quisimos observar sólo contemplamos humo, polvo y lo que parecía ser las ruinas. En ese momento, comenzó un bombardeo por toda la ciudad hacia objetivos del régimen... pero también del ejército de resistencia. Así que el capitán nos llamó a todos para que nos cubriéramos de este inesperado bombardeo, tomando vía al Río Guaire donde nos topamos con varias familias quienes estaban habitando esa zona. Nos miramos unos a otros perplejos de aquellas personas que parecían más bien animales, sobreviviendo en ese mundo infrahumano.

El bombardeo cesó oficialmente a las 7 am del 31 de Diciembre. El estrés del ataque nos dejó aturdidos a todos, por lo que nos resultó imposible probar bocado a ninguno, salvo a Daniel y el teniente Rodriguez quienes parecen tener un estómago de hierro. El capitán nos reagrupó a todos para tomar acciones cuando un hombre de tez oscura, corpulento y alto se nos acercó: era el jefe del “clan” que ahí habitaba quién nos pedía ayuda ya que tenían días sin poder comer. Sin siquiera esperar a que terminasen las palabras, todos procedimos a darles de nuestras raciones. Fue entonces cuando una “horda” de niños de no más de 5 años avanzó hasta nosotros cual mangostas a devorar todo lo que encontraban a su paso. Supongo que fue el momento más enternecedor de toda esta aventura o desventura.

El capitán decidió que era mejor salir de este infierno, por lo que comenzamos a avanzar hacia Cumbres de Curumo, para tomar posteriormente hasta la Trinidad donde nos topamos con otras dos tropas quienes iban hasta el edificio de Procter & Gamble el cual se encontraba en ruinas, pero que aparentemente el sótano tenía una sala de cómputo que habría sobrevivido a los ataques y desde donde estaban tratando de reorganizar las tropas. Nos plegamos y fue ahí sin más miramientos donde procedimos a pasar el fin de un año horrendo, para dar paso a uno quizás peor.

Pasamos el 31 sin bombardeos, sin agites, sin miedos. De las tres unidades que nos encontramos ahí apostadas, apenas sumábamos 60 combatientes. Se sorprendieron mucho de vernos aparecer con tanta cantidad de municiones y el capitán Avendaño fue nombrado comandante del destacamento provisional. Mientras tanto, Silueta, Francisco y yo nos despegamos del grupo, buscando entre las quintas de la Tahona algún vehículo que nos pudiera servir para huir. No tardamos mucho en encontrar una Hummer amarilla, pero Francisco quién se topó con una camioneta Cherokee con el tanque lleno: en ese instante supimos que ese sería nuestro vehiculo. Nos montamos y sin dar explicaciones ni mediar palabras, huimos. Raudos bordeamos hasta la Lagunita... y lo demás es historia.

El 2 de Enero llegamos a Cúcuta luego de casi 48 horas de carretera continuos. Encontramos por la vía que el infierno era Caracas: los pueblos seguían su rutina con escasez pero sin apremios. Inclusive al pasar por Barinas nos percatamos que la única Ley seguía siendo la del pillaje y malandraje. Fue cuando llegamos a Cúcuta que se nos complicó la cosa ya que la guerrilla de las FARC estaban custodiando el puesto fronterizo. Alguien había pactado con el diablo.

Afortunadamente, la familia de Andrea ha sido sumamente amable en recibirnos. Nos dieron una casita en el pueblo y actualmente estamos buscando oficio. Las balas y la sangre las dejamos atrás, junto con las lágrimas de impotencia por un país que se lo llevó el diablo.

Tuesday, November 28, 2006

Anotaciones de un diario XXVII – Ternura entre el caos

Diciembre 27, 2006 - 12:00 pm

No sé ni como estoy almorzando hoy. Quizás sea una suerte infinita que me acompaña como sombra. Pero suerte o no, aquí estoy en un éxtasis infinitamente hermoso.

Ayer esperé hasta que saliera Andrea. Muy ajetreada y totalmente sudada, con unos cabellos enredados en su infinita belleza, subió a la azotea donde le esperaba muy pacientemente. Se sentó a mi lado, se acomodó un poco su ropa y nos abrazamos por lo que pareció ser un espacio de tiempo infinito, mientras contemplábamos un catatumbo artificial, producto de unas explosiones que dibujaban tintes rojos por todo el cielo de la noche, entre las nubes que hacían de pantalla al cielo.

Unos instantes después bajamos porque queríamos descansar, ir a algún lugar donde pudiéramos desconectarnos de esta guerra absurda. Fue entonces cuando apareció atropeyante un Alberto Quiroz Corradi, muy libre, muy altanero y muy acompañado (tenía un séquito de por lo menos una docena de hombres), exigiendo la presencia del jefe de operaciones del hospital de campaña en que se había convertido el Pérez de León. En eso apareció un hombre joven, como de cuarenta años, con bata de médico y acompañado de lo que parecía ser los médicos de más alta jerarquía, un grupo de aproximadamente 10 personas. Palabras se dijeron de lado y lado. Al final, AQC desenfundo un arma, apuntó a la pierna del "director" y sin dar mayores explicaciones le disparó. En lo que pareció ser una fracción de tiempo, todos los oficiales, soldados y personal militar que estaba en el hospital salió con arma en mano a ver que ocurría. Mientras, los acompañantes recogían al “director” herido y sangrante, llevándolo corriendo a un pabellón, tratando de avanzar entre un mar de soldados que iban en dirección al disparo.

AQC acusó al "director" de no querer cooperar con la lucha armada, de traidor y no-sé-cuantas-cosas-más. Pidió que todos bajasen las armas que él estaba en control de la situación. En ese instante supe el por qué de tantos fracasos repetidos. No lo pensé dos veces, le pedí a Andrea que le avisara al personal médico que aquí podría seguir rodando sangre. Sin vacilar y tratando de controlar unos nervios que parecían llevarme una sobrada delantera, atravesé el muro de oficiales y me planté lo más adelante que pude. Cuando me tuvo a distancia visual, no titubeó en acercase a mi mientras las armas frías e inertes se movían al unísono en su trayectoria.

Y tu eres otro que merece un tiro pero en la cabeza por traidor! Yo te hubiera puesto en un calabozo hasta que se te pudrieran esas neuronas revolucionarias que tienes” – dijo con una voz que denotaba el mayor de los desprecios posible.

“Y ud. merece que le den todos los tiros por hacer que fracasemos, por sus odios, miedos y mentiras. Ud. no merece el uniforme que groseramente porta. No es un soldado, sólo un mequetrefe. Cuanto le está pagando el régimen? Por qué lo hace?” – fue lo único que mi cerebro logró hilar coherentemente.

“De que me hablas carajito traidor? TU eres el que debes tener sexo anal con esos bastardos macacos chavistas de mierda. Lo que mereces es que te de lo tuyo.”

Fue en ese instante cuando me apuntó al pecho y se escuchó casi instantáneamente el sonido de un disparo, solitario en un instante que parecía infinito, ensordecedor y apabullante. El miedo recorrió mis venas y la adrenalina me paralizó como estatua. Pensaba que me habían herido, pero no sentía nada. Fue entonces cuando me percaté del punto de sangre en el pecho de AQC, mientras lentamente se iba arrodillando con sus ojos de ira apuntándome. Luego, disiparos generalizados se dieron entre la comitiva que venía con AQC y los oficiales que estaban en el Hospital. Yo de por medio sintiendo las ráfagas cruzar por todo el recinto, mientras el ruido atronador me hería los oídos, como si alfileres estuviesen siendo introducidos en mi cabeza. Y en mi desesperación, esperaba que me disparasen para acabar con este infierno que parecía interminable.

Los tiros cesaron. El silencio se hizo aun más doloroso que el ruido. No pude más que derrumbarme mientras mis oídos parecían estallar en mi cabeza. En total, se dispararon más de 500 cargas. El piso se bañó de cartuchos percutados, rojo y verde. Esparcidos por todo el lugar, yacían los cuerpos de soldados que recibieron los impactos de unas balas que deberían defenderles. Era un caos y una total conmoción. Heridos habían por doquier, incluso habían pacientes que fueron alcanzados por las balas de la confrontación, debiendo ser atendidos todos. Mientras, los cadáveres quedaron arrinconados en los pasillos mientras se procuraba mantener con vida a los heridos.

Andrea me fue la primera en atenderme, llorando y preocupada pensó que me habían herido. Pero era la ausencia de sus palabras lo que me hizo comprender que mis oídos estaban en corto. Me ayudó a levantarme y me revisó insistentemente por todas partes. Supongo que el contacto de sus manos por todo mi cuerpo resultó una especie de alivio al estrés que experimenté. Pasé la noche en un cuartico de servicio mientras ella ayudaba afuera. Un médico pasante de postgrado me atendió rápidamente y me aplicó un analgésico que me relajó lo suficiente por unas horas. Fue el sueño más reparador que haya tenido en meses.

Sé que no debió pasar mucho, pero a eso de las 3 am sentí que alguien abría mi puerta mientras la luz del pasillo saturaba la habitación en penumbra. Era mi adorada Andrea quién se estaba tomando un descanso. Cerró tras de si la puerta y se acercó a mi, se recostándose a mi lado. Me preguntó si estaba mejor y efectivamente mis oídos volvieron a escuchar su dulce voz, mientras mi mano le acariciaba los suaves aunque preciosamente enredados cabellos. Se acercó aun más mientras sus manos buscaban las mías, mientras su cuerpo tibio y tierno me estimulaba mucho más que la adrenalina.

Sin saber como ni por qué, nos encontramos frente a frente, tan cerca que podía oler su respiración, sentir su aliento sobre mis labios. Cerca, muy cerca hasta que sus labios tocaron los míos, un instante, una caricia y mi cerebro perdió el control. Fue un beso intenso, suave, espectacularmente dulce, húmedo y tibio. Entre tierno y salvaje, pero definitivamente hermoso.

A pesar del cansancio de ella y del letargo mío por el analgésico, nuestras hormonas pudieron más. Su piel suave, sus cabellos enredados, su mirada sensual que me era totalmente nueva, sus manos que me acariciaban mientras las mías exploraban su cuerpo ahora desnudo y sin coraza. Sin prisas y sin prejuicios nos fuimos conociendo, mientras los minutos pasaban y la guerra quedaba relegado al olvido. Fue un momento mágico que no podía permitir que se olvidase y por ello quedará anotado en este diario, si algún día en el futuro el destino me da la oportunidad de leerlo.

Pasaron las horas y fuimos despertados por el peculiar sonido de un toque de puerta que nos avisaba el desayuno. Eran las 7 am. Rápidamente nos vestimos pero al abrir la puerta, lo que encontramos fue el bullicio de un hospital que enfrentaba más heridos que de costumbre. A nadie pareció importarles ni enterarse de lo ocurrido en ese cuarto que dejaba atrás una peculiar sensación a miel con piel.

En efecto, había una escisión de tropas: ciertos seguidores de AQC se volcaron en contra de sus oficiales superiores o tropa, logrando lealtades absurdas y atacando las unidades de la resistencia. No duró mucho, pero fue suficiente para reducir la moral de la tropa. De pronto y en un destello, encontré al capital Avendaño quién estaba llegando con el sargento Estrada. Traían heridos. Me uní al equipo mientras Andrea me besaba de despedida, un beso dulcísimo, a la vez que se alejaba por un corredor a hacer su trabajo.

El capitán se había enterado de lo ocurrido y las evidencias sobraban, la sangre apenas si pudo ser lavada del piso mientras las paredes mostraban un mosaico grotesco de lo que fue la confrontación. Ahora tenían el cuerpo de AQC en la mitad de la calle, con un letrero que decía TRAIDOR. El capitán me estrechó la mano al tiempo que me nombraba “sargento”. Sé que fue una designación extraoficial, pero su reconocimiento influyó mucho en el autoestima.

Acordamos que volveríamos al frente, pero que teníamos que tomar decisiones por nuestra cuenta, movilizarnos rápido y tomar el control de la mayor cantidad de unidades existentes. Los jefes de batallón la estaban cagando durísimo. Así que íbamos a proponernos dejar la violencia a un lado y procurar el control de las zonas y unidades. Era eso o enfrascarnos en una espiral de violencia que sólo traería más bajas.

Y termino de escribir este diario a la 1 pm, mientras me termino un jugo en la azotea del hospital. Está llegando Andrea en su descanso.

Monday, November 20, 2006

Anotaciones de un diario XXVI - Rubíes

Diciembre 26, 2006 - 09:00 pm

A los pocos minutos de haber hecho mis anotaciones en el diario, apareció una Andrea muy distinta a la que recordaba: con su pelo recogido, vestida con lo que parecía ser un delantal plástico rosado pero manchado de sangre, con unos guantes de látex que se quitó justo al salir de un cuartico, elegante y sensual a pesar del sudor que acusaba su frente. Me vio y caminó hacia mi casi corriendo, y yo esperando un abrazo de esa silueta que me embarga y deslumbra

Pero mientras corría hacía mi pedía ayuda, sin entender yo mucho que ocurría. De pronto un enfermero y ella me llevaron casi arrastrado a un quirófano provisional habilitado. No me había percatado que mi herida había sangrado y ellos pensaron que estaba mal herido. Cuando me quitaron la venda que quedaba, mentaron la madre de los médicos de campaña quienes me habrían colocado cianocrilato en un lugar que no era recomendado, por la movilidad del músculo. Y mi herida había comenzado a infectarse!

Fue silueta quién me atendió exclusivamente mientras el enfermero salió del cuartico. Me miró ahora con ternura y estuvimos hablando un buen rato, mientras me relataba sus historias y yo las mías, por partes, como una novela de miles de capítulos intercalados con una publicidad que no puedes dejar de ver.

Me limpió la herida en lo que pareció una fracción de tiempo, pero fue cuando pidió unas "grapas" y me cerró la herida interna que me pareció una eternidad: el dolor hace que el tiempo se distienda porque parecía una eternidad mientras colocó las grapas. Luego cosió la herida externa con hilo quirúrgico, y cada punzada fue como una picada de avispa que ardía mientras podía sentir el hilo que era arrastrado por una epidermis más dura de lo que creía. Desagradable y doloroso, producto de la ausencia de una anestesia pero compensado en gran medida por la mirada tierna de unos ojos demasiado hermosos para ser vistos directamente.

Luego me aplicó una inyección antitetánica y me hizo levantar. El dolor acusaba, ahora sí, en la pierna. Supongo que por la adrenalina el dolor no lo había sentido. Me aplicó una inyección (malditas agujas de mierda) de un relajante muscular y me pidió encarecidamente que no volviera al frente. Había circulado el rumor de que Alberto Quiroz Corradi se escapó de la custodia y estaba por atacar el ejército de la resistencia que no se cuadrase con él. En pleno caos y justo cuando mayores oportunidades teníamos de ganar esta lucha, sale este mequetrefe a sabotearlo todo, una vez más.

Y mientras espero la salida del turno de Andrea, estoy en la azotea del Pérez de León viendo las estrellas y los destellos de explosiones que parecieran replicarse por todo el cielo, tiñendo las estrellas de un color rubí como los destellos de los cabellos de esa silueta que sólo pareciera tener cerca en sueños.

Wednesday, November 15, 2006

Anotaciones de un diario XXV – Cadáveres Humeantes

Diciembre 26, 2006 - 6:00 am

Estoy escribiendo esto mientras espero a Silueta.

El 25 de Diciembre, con el resplandor del Alba también llegó la sombra del miedo. Muy temprano, antes de las 6, se escuchaba por todo el valle el retumbar de los cañones que atacaban, casi de forma aleatoria, hasta los confines de la ciudad. Es así como la unidad 4, comandada por el nieto del ilustre Blanco Bombona (un militar excepcional) fue aniquilado completamente bajo la artillería mientras intentaban asegurar el perímetro de la embajada canadiense. Ni que decir que la embajada quedó reducida a escombros.

Y es que ya nada pareciera detener o mesurar esta guerra. Es guerra a muerte, sin contemplación y sin reglas. Una guerra fraticida absurda que se dio por la negligencia de muchas personas quienes pensaron que esto no ocurriría: “nunca ocurriría una guerra civil” dijeron.

El fuego de artillería y morteros duró hasta las 9 am. Y fue entonces cuando procedimos a asegurar al menos lo que sería el municipio Sucre. Reagrupados todos y cada unidad con su misión, el Capitán Avendaño (de mi antigua unidad) nos hizo llamar al Sargento Cárdenas.
Ellos estaban apostados en la parte de abajo del puente sobre Lebrún y decidieron tomar la orden de supresión de fuego desde la zona sur de Altamira para lo que sería la toma de la Carlota. Creí quq al fin vería a mi soñada “silueta” después de tanto tiempo, de tantas noches sin dormir, de tantas emociones contrapuestas y contradictorias, que harían de su simple roce un alivio a mis pesadillas más oscuras. Pero no, ella se quedó en el Hospital Perez de Leon
asistiendo en lo que será el hospital de campaña atendiendo los heridos que vayan apareciendo.

Montados en tres “Humvee” (unos “iuna”, porque la T se la volaron) venezolanos capturados así como en un Pinz (que todavía se mantiene estoico en pié), nos dispusimos a avanzar por toda la Av. Fco. de Miranda. Sin fuego enemigo a la vista y con las bolas literalmente en la garganta, emprendimos un viaje al infierno.

Llegamos al Centro Plaza y tomamos el cruce de la antigua embajada Americana, bajamos hacia la parte sur esperando toparnos con Charlies o algún tipo de resistencia. Con lo que nos topamos fue con grupos de desadaptados violando a una niña en pleno cruce mientras otro grupo contemplaba expectante, como haciendo turno. Mientras, en la acera tenían a cinco mujeres amarradas y sollozantes quienes parecían esperar turno para semejante acto dantesco. Y nos oyeron y nos vieron, pero al ver que no avanzábamos ni se inmutaron: siguieron en lo suyo como si nada.

El capitán ordenó a la unidad tomar otro rumbo y evitar esos desalmados. Indignadísimos todos le imprecamos hasta la madre que lo parió: que si él no tenía madre, hermana o hija? Y terminó convenciéndonos con estas palabras:

“Si nos enfrentamos contra ellos, pudiéramos alertar charlies en la zona que todavía no están al tanto de la operación, comprometiendo nuestra posición y el soporte que pudiéramos brindar al resto de las unidades. No es de mi agrado, pero primero está la misión y las vidas que podríamos salvar con ella, que esas pobres muchachas.”

Fue así como nos desviamos por otra calle hasta llegar a un parquecito. Primero revisamos las casas muy sigilosamente para asegurarnos que no tendríamos oposición y luego procedimos a tomar posiciones, colcando RPG’s así como un par de morteros capturados. Tendríamos una fiesta que no esperaríamos. Podíamos ver el resto de las unidades moviéndose sigilosas a lo largo de la autopista, CCCT e incluso desde el Hotel Radisson.

A las 11:45 pm apareció el ya olvidado fuego aéreo de cobertura. Lo que nos tomó por sorpresa a todos, pero más curioso aun fue ver que dicho ataque aunque redujo el aeropuerto y quienes estuvieran ahí, también hizo añicos a 5 unidades. Estuvimos tratando de cubrirnos por espacio de al menos 30 min, mientras duró el ataque. No hubo sirenas ni fuego antiaéreo, tampoco hubo coordinación alguna y nos tocó romper una reja para poder acceder a la autopista y socorrer a heridos, de nuestro bando y del contrario. Habían lanzado ojivas incendiarias que milagrosamente funcionaron, pero dejaron tras de si una estela de destrucción y muerte.
Se suponía que iban a reducir baterías, tanques, tanquetas y puestos de vigilancia, pero es que hasta llegaron a quemar medio CCCT, y la autopista parecía un camino infernal, humeante y pestilente a carne quemada.

Tuvimos la mayor de las suertes de no haber estado un poco más cerca. El comando está en caos puesto que estamos recibiendo más bajas producto del fuego amigo que del enemigo. Usando los vehículos transportamos la mayor cantidad de supervivientes, todos ellos quemados. No muchos llegaron vivos al Perez de Leon, pero me embarqué en uno de ellos para así poder estar cerca de silueta.

Ahora estoy buscándola pero parece que está de enfermera ayudando con varios heridos. Espero impaciente en un banquito que apenas se mantiene en pie, mientras escribo estas líneas tratando de poner a un lado el hedor que impregnó todo mi cuerpo. Son cosas como estas las que me aclaran el por qué de la existencia de un tirano psicópata en un país con tantas oportunidades perdidas.

Wednesday, November 08, 2006

Anotaciones de un diario XXIV - Luna negra

Diciembre 25, 2006 - 12:00 am

Ayer fue un día extremadamente incoherente, por lo que intentaré hilar la secuencia de sucesos lo más exacto posible.

Luego de descansar no una sino tres horas cada uno, nos dispusimos a tomar la autopista en pleno con la caravana de vehículos blindado que logró subir, sano y salvo, el trayecto desde Guatire. Encontraron muy poca resistencia lo que nos indica que el territorio de la Resistencia puede anexarse hasta Terrazas del Avila.

Muy temprano y con el alba, comenzamos a escuchar estruendos por todo el valle de Caracas y sobretodo en las cercanías, lo que parecía ser la Casona. Aunque no estaba considerado un objetivo militar, era de importancia moral el capturarlo. Todos nos quedamos pasmados ante la lluvia de proyectiles que provenía de las colinas de las montañas que circundan el ávila. Parecía como si el régimen quería "borrar" cualquier objetivo propio que pudiera servir de alguna forma a la resistencia. Y claro que lo lograron. De la Casona y sus alrededores sólo queda un crater humeante.

En el ataque, se vió involucrada la unidad 5 de avance quienes perdieron a 30 hombres con una sola detonación, ya que ellos habían logrado capturar la zona alta de Boleita incluyendo el sometimiento del edificio de la DIM, el cual fue literalmente demolido. También la unidad 8 de avance quienes estaban por tomar las inmediaciones de la Casona, aunque sus bajas fueron menores (apenas 5 hombres).

La cobertura de fuego antiaéreo que nos fue prometido brilló por su ausencia. El caos y el desconcierto por las acciones tan inmorales del régimen, lograron paralizarnos por espacio de horas. No sólo atacaron sus propios objetivos, también lograron reducir a cenizas urbanizaciones enteras como el caso del Country, Cumbres de Curumo e incluso el 23 de Enero. Y por lo que sabemos, han sacado a gente de "quién sabe donde", les pusieron un fusil, y los tienen rodeando todo el perímetro de Miraflores desde la Av. Universidad, pasando por Puente Hierro y bordeando el norte a la altura del TSJ.

A eso de las 2 pm nos dispusimos a tomar el Aeropuerto de la Carlota por cuatro flancos, incluyendo una unidad que atravesaría el Río Guaire. A las 4pm avanzamos y comenzo otra ronda de disparos, esta vez destruyeron la autopista Fco. Fajardo desde el CCCT hasta el parque del este. También destruyeron los hangares, torres y demás vehículos. Sólo quedó en pie un helicóptero.

En el comando hay un hermetismo total. Nadie quiere comentar la falla con la planificación del bombardeo aéreo, menos aun la imposibilidad técnica de aniquilar las baterías en un corto plazo. La orden directa fue de distribuir las tropas más cercanas a las montañas y que "subiéran" a como de lugar para neutralizar al régimen. No podemos seguir bajo esa lluvia infernal. Nos percatamos que hay líderes de unidad que no siguen instrucciones y que le son fieles a Corradi, unidades que están en crisis y enfrentando un motín. Hay caos por la ausencia de un liderazgo fuerte como el de Gonzalez Gonzales, cuyas unidades lograron todos los objetivos propuestos.

Es noche buena pero las estrellas está cubiertas de nubes grices, de humo, de sangre, de una tierra que se desangra en una guerra fraticida y con una luna tan oscura como el futuro que se avecina.

Friday, November 03, 2006

Anotaciones de un diario XXIII -Petare

Diciembre 24, 2006 - 12:00 am

Luego que nos dieron la orden de avanzar hasta petare, nos fragmentamos en tres unidades:

Una iría por debajo del puente por el lado derecho, cubriendo ese ala; otro iría por debajo del puente del lado izquierdo, tratando de tomar la plaza; el último grupo iría por arriba del puente y eliminaría cualquier agresión desde los edificios. Y eso nada más desde mi unidad. Se suponía que las otras unidades (20 en total del grupo que iría a Petare) invadirían petare por Mesuca o bajarían por la bombilla hasta tomar la Urbina y hasta el metro de Petare.

Cuando llegamos fue que nos encontramos con la sorpresa de que sólo 5 unidades habían llegado, las demás unidades estaban atrasadas porque estaban siendo blanco de fuego repetitivo por parte de grupos armados en motos. No se habían dado bajas, sólo heridos, pero la lentitud de la caravana hacía peligrar los esfuerzos.

Tomar petare fue excesivamente fácil: nos aparecimos y ya. No hubo resistencia de los edificios, ranchos, nada. Era un sitio desierto. Es como si le hubieran puesto "insecticida". Terminamos de avanzar hasta el Perez de Leon y tomamos un edificio en construcción para así poder tener una vista de todo petare Así como de la autopista. Fue entonces, luego de subir cuatro pisos por escaleras de madera (porque las propias escaleras no están terminadas) que logramos conquistar "la torre" como le hemos bautizado.

En la parte de Mesuca se reportó que dos unidades se toparon con una cortina humana: cerca de 50 personas entre mujeres y niños, fueron colocados en la vía con un cartel que decía "no pasarán". Estaban llorano y gritando de pánico puesto que los soldados que estaban en un puesto de Barrio Adentro, ante la abrumadora presencia de los soldados de la resistencia, sacaron a los pocos moradores que no se fueron (o prefirieron quedarse) y usarlos de escudos. Dicen que a muchas mujeres con varios hijos, incluso mujeres con camisas rojas, les llegaron a matar de uno a dos hijos sólo para forzarlas a ser usadas de escudo. Los charlies de ese BA lo que no pudieron preveer es que MI verdadera unidad, esa que estaba asilada, los estaría esperando en la parte baja de Mesuca, escondidos en unos locales comerciales. A los 20 charlies los dejaron tirados en el piso sin contemplación.

Todavía no sé como está mi unidad ni si Andrea está bien. Pero saber que combaten y que existe, es una esperanza de que pudiera verlos, volver con los amigos y con esa silueta que intoxica y encanta. Supongo que el destino hace bien las cosas, puesto que si ahora estuviera con Andrea, no podría hacer mi trabajo de soldado.

Apenas al mediodía fue que llegaron todas las unidades, algunas maltrechas pero en general operativas y lo más importante: dispuestas. Una vez todos apertrechados y nuestras raciones distribuidas, procedimos a replegarnos para la fase 2: tomaremos Caracas como una sábana. Con 60 unidades de 40 efectivos aprox. cada una por el lado este y con 50 unidades de 40 efectivos por el lado oeste (ellos están con el Gral. Nestor GG), esperamos ir reduciendolos hasta concentrarlos en lo que se espera sea Mariperez. Si todo sale como esperado, en 24 horas habremos reducido a estos bastardos. Si no, esta va a ser una larga noche buena. Por ahora, sólo estamos avanzando 20 unidades mientras las otras 40 estarán de reserva y asegurando perímetro. Para cada unidad de avance hay dos detrás: una para asegurar el sitio y limpiar la "basura", y otra para cubrir la retaguardia. Así que para cada ruta hay 3 unidades en la vía.

En la fase dos, mi unidad tomó la Lebrun. Apenas cinco charlies fueron vistos, todos reducidos. Tenían apenas pistolas pero siempre con la inconfundible franelita de los 10 MM. Estos son lo más lacra del ejército del régimen, sus malandros, criminales convictos, confesos y escapados o indultados que es lo peor. No tienen escrúpulos ni conciencia, aparte de estar muchos de ellos alcoholizados o drogados hasta borrarseles el sentido común. Con decirles que uno de ellos intentó detener una caravana poniéndosele en frente y echándole tiros.. al aire! Muchos no sabían si caerle a tiros o esperar que se cayera de la borrachera.

Tomamos la autopista mientras que el resto tomaba las Avenidas Rio de Janeiro, Fco. de Miranda y la parte final de la Av. Rómulo Gallegos. Sólo una unidad de avance decidió irse por la cota mil. Tendremos cobertura aérea para las 3 am. en lo que sería la gran Invasión del aeropuerto. Es vital que logremos asegurarlo. Por ahora, sólo tenemos que ir tomando posiciones, pero los escombros, fogatas, carros quemados haciendo barricadas, está demorando a las unidades.

Ahora estamos esperando casi todos agazapados en el perímetro de la Base Aérea así como la Casona. Vemos varios helicópteros despegando del aeropuerto así como movimiento de tropas con tanquetas por la autopista. Ellos parecieran tomar posiciones pero no en nuestra dirección. El comandante de mi unidad, un tal Ramon Vasques (si, con dos eses), nos instruyó que descansemos una hora cada uno, con una hora de guardia.

Lo que viene es el plomo parejo.

Wednesday, November 01, 2006

Anotaciones de un diario XXII - La traición

Diciembre 23, 2006 - 4:30 pm


Han pasado casi dos días desde que escribí en este poco reconocido diario. Esta vez, también, por causas ajenas a mi voluntad.

Ayer fue un viernes que recordaré toda mi vida, más que nada “gracias” al compañero Corradi.

A eso de las 7:00 am del viernes, poco después que terminase de escribir mis anotaciones en el diario, llegó una comitiva de la Policía Militar: dos carricitos con sus cascos blancos y con lo que parecía más unas pistolas de agua, me levantaron a empujones (muy a pesar de mi reciente herida), me hicieron vestir (la misma ropa ensangrentada e inmunda de varios días en combate) y me llevaron a rastras hasta los calabozos. Me mantuvieron bastante separado del Sargento Cárdenas como para que no pudiéramos saber uno del otro.

Comprobé con estupor que los calabozos eran una suerte de “basurero del olvido”, ya que muchos soldados que estaban ahí (por cierto, todos son soldados de la resistencia) habían llegado casi siempre por rebelarse con lo que son las estupideces de estos “soleaditos” de mierda que no saben sino tomar caña y repartir culo. Y lo siento mucho, pero desde hace mucho tiempo que no hay generales con bolas, salvo por Nestor Gonzalez Gonzalez y su círculo, quienes no me extrañaría encontrar acá haciéndome compañía.

A eso del medio día vino la ronda a darnos nuestros respectivos almuerzos. Cual no sería mi sorpresa que nos dieron pan y agua... sucia! Esto es más que un trato inhumano! Es que ni en la zona de prisioneros de guerra se trata con tanto desprecio a nadie. Supuse que era una forma de castigo extremo en circunstancias extremas, algo que no me convenció, pero que demonio... necesitaba pensar que todo era una equivocación que se resolvería prontamente.

Justo luego de terminar mi almuerzo “seco” (prefiero morir de deshidratación que de amibiasis), apareció un caballero por el pasillo cuyos pasos se oían de lo más lúgubre. El ruido seco y repetitivo de unos zapatos lujosos se detuvo justo frente de mi celda. La reja se abrió por el sistema automático, a lo que entró el “caballero” quién poco a poco, a medida que se iba acercando a la luz, despejaba la incógnita de su rostro.

- Estimado y nunca bien ponderado Cabo Gonzalez... cierto?

No pude más que asentir con la cabeza... mi garganta todavía se encontraba sensible por los tubos que me colocaron para poder respirar.

- Ya mi estimado Oswaldo, quién en paz descanse, me dio toda una clase magistral de conclusiones absurdas y descabelladas, consecuencia de ese lindo sobre que le habías entregado. Ahora quisiera preguntarle, que tanto sabe, cabo, sobre el sobre y con quién lo ha comentado?

No podía responderle nada! Cómo es eso de que “en paz descanse”? Pero si ayer lo vi! Simplemente me dediqué a negar con la cabeza frenéticamente.

- No sabes nada? nada de nada?

No podía más que hablar casi en zumbidos

- Señor Corradi, sólo sé lo que dijo el capitán.

- Muy bien – (se limpió el sudor de la frente con un pañuelo que sacó de su chaqueta, mientras golpeaba las barras para que le abrieran) – supongo que si Uds. dos no saben nada, no vale la pena hacerles pasar por una corte marcial. Con que se pudran acá es más que suficiente...

Pudrirse? Qué demonios le ocurría al tipo? Uno salva el pellejo, casi muero a tiros, mi unidad se queda atrapada en medio del fuego.. y este señor lo mejor que sabe hacer es ponerme preso? Esto es para coger palco.

Salió lentamente, me dio un vistazo casi como de lamento, y se fue. Así no más, abandonado a una oscuridad absurda, arropado por la mezquindad de un ser capaz de muchas cosas, que luego comprendí.

Me eché a dormir de la depresión y para no pensar. A eso de las 7:00 pm se escuchó una explosión que retumbó las paredes del recinto, como si un monstruo gigante estuviera pisoteando todo el complejo. Sonaron las alarmas antibombas (si, las hay dentro de esa verga de prisión) y de pronto, se abrieron las rejas para dar paso a un contingente de soldados quienes nos dieron unos cascos y nos hicieron formar en fila.

Seguían las explosiones, los temblores y la caga. De pronto, un mayor del ejército pasó lista y procedió a darnos un fusil de asalto! Sin dar más explicaciones nos dijo que estaban atacando el comando y que debíamos defender. Por ahora, que nos fuéramos al edificio del helipuerto, para dar soporte y atender los heridos. La orden era evacuar a los más que podamos. El sitio había sido comprometido y, sin entender que pasaba realmente, la realidad fue que las tropas del régimen se habían acercado lo suficiente como para atacarnos con 10 cañones de 40 mm, morteros y “granadas con chinas” (eso lo inventó el Sargento). El régimen había apostado la mitad de sus tropas en Caracas para así aniquilar el complejo de Guatire.

Era una jugada incoherente! El régimen haría morir a por lo menos la mitad de sus hombres para qué? Siempre sería mejor hacer resistencia, aislarse e intimidar. Lo que hacía no era propio del régimen, pero sucedía. Mientras corría hacia el helipuerto pude constatar la lluvia de plomo que caía del cielo. Treinta minutos duró el ataque, treinta minutos de infernal y ensordecedor ruido, gritos y muerte. El desconcierto fue total puesto que la primera edificación afectada fue las habitaciones del Comandante Oswaldo A. Paz. Corradi lo dijo antes, me consta, mi cerebro no me estaba tomando el pelo.

A las 12:00 am ya habían reducido al enemigo: 250 personas aproximadamente resultaron heridas y cerca de 50 murieron a consecuencia de los ataques. El ejército de la resistencia se percató que el perímetro oeste, una montaña no muy alta, había sido abandonado y las tropas del régimen habrían tenido tiempo de sobra para instalarse y atacar. Aseguraron la zona y no tomaron prisioneros, pero si regresaron con "dog tags" que reflejaban una realidad pasmosa: la mitad del ejército del régimen eran Guerrilleros de las FAR, un cuarto eran civiles (malandros), el resto oficiales de tropa.

A la 1:00 am apareció un Oswaldo Paz lleno de polvo hasta las canas, parecía un espectro más que una persona, más que un general. En lo que fue todo un revuelo dentro de la instalación, el comandante ordenó que recogiéramos TODOS los pertrechos. De ahora en adelante nos íbamos a estar avanzando constantemente. El consultor Corradi había sido apresado por traición. Los muertos se quedan en una fosa, los heridos se quedan en el hospital (no había sufrido daños), los que pudieran caminar y alzar un fusil, se iban a la batalla. Y todo el mundo comenzó a moverse en lo que parecía una danza armoniosa donde cada quién sabía que hacer y como hacerlo.

Demoramos más de tres horas haciendo los preparativos, pero al final nos montamos todos en camiones, helicópteros y comenzamos a subir por la carretera vieja hasta Turumo. Me quedé dormido todo el trayecto y me desperté porque un oficial médico de combate me aplicó una inyección cóctel antitetánica/ analgésico, al notar que mi pierna sangraba. Del dolor no sólo desperté de golpe, sino que le he dado una retahíla de insultos que fue vergonzante, para mi obviamente. Luego de pasada mi "coprolalia" (vaya que el doctor se saca unas palabritas), procedió a cambiarme el vendaje, me limpió la herida (vaya que duele!) y luego me colocó, nada más y nada menos que PEGA LOCA: he visto al diablo en tanga, lo certifico! Esa vaina si que arde carajo, pero en lo que va de día, no he sangrado por lo menos para que traspase el vendaje. Me dieron una chaqueta nueva y ahora me apodan el "mapurite"...

Fue a eso de las 6:00 am cuando llegamos al Mc Donald de Mariche. En lo que fue toda una osadía de parte de la unidad, cada camión, pinz, jeep, rústico y a pie, íbamos a inundar el cerro de Mariche para tomar todos los accesos. Disparos se oían a la distancia, helicópteros subiendo y bajando el Ávila se veían sobre Caracas. Casi todos llegamos sin gran problema hasta Mariche, salvo uno que otro loco por la carretera echando tiros. Igualmente, fue bastante ligera la toma de Palo Verde, si no fuese por unos locos chavistas civiles quienes pretendían repeler la invasión con un ataque "asimétrico": echándonos botellas desde los balcones, así como agua hirviendo (los tipos nos estaban esperando!), comida descompuesta, insultos y uno que otro tiro aislado y errático.

Rancho, casa, apartamento, mercal o puesto de barrio adentro que tuviera una antena de DirecTV o cosa similar, apuntando hacia el Ávila en vez del cielo, era destruido hasta hacerlo polvo, sin contemplación, sin preguntas. Esa fue otra de las indicaciones, junto con "tenemos munición de sobra para eliminar a 20 veces la población de Caracas, así que asegúrence, coño, de eliminar a todos los charlies". Es por ello que también balcón, ventana, puerta o cosa rara que se atravesase en el camino con actitud hostil, era reducido a nada.

Mi unidad ahora está estacionada en lo que es la plaza de Palo Verde. Balcón que presente movimiento, balcón al que le echamos tiros. Ya no queremos atrapar a prisionero alguno, conserje o malandrito. Por radio de banda ciudadana advirtieron a la población del valle de Caracas de que venía un ataque masivo. Civiles todos debían guarecerse, esconderse y últimamente desaparecer de las calles por su propio bien.

Mientras tanto, el Sargento Cárdenas ha pasado buen rato conmigo, mientras esperamos instrucciones y vemos como los muchachos hacen tiro al blanco con las antenas de DirecTV: le disparan incluso a las que están en buenas condiciones. Se han echado al pico también a varios malandritos de Jose Feliz Ribas quienes han disparado contra nosotros. De resto, trastes, papeles, piedras, escombros, basura y tierra es la decoración de la urbanización.

El Sargento me comentó que Quirós Corradi, el mismo que patentó el “blindaje” del RRP y la “paz a juro”, resultó ser un truhán de siete suelas, traidor y corrupto quién le estaba pasando información a los yanquies, más precisamente al asesor para los asuntos latinoamericanos. Que no fuera un problema por ser este, junto con varios miembros del partido republicano, los diseñadores de una estrategia “ganar-ganar”: generar caos, confusión, desorden... comprarle el petróleo regalado a Venezuela y luego negociar con lado y lado, vendernos armas... venderles armas, simplemente hacer un negocio de la aniquilación. Y luego, cuando termine el conflicto, invertir para la reconstrucción lo que le daría máximos dividendos y así como la colonización económica. Es por ello que Corradi se empeñaba tanto en tratar de convencer a la gente de que nos hiciéramos una república como Costa Rica, anexada a los Estados Unidos. Mientras, financiaban y protegían a Smartmatic, empresa que todavía sigue trabajando luego de ser exonerada de culpa por el CIFIUS, para así penetrar el mercado latinoamericano. Las máquinas captahuellas sólo estuvieron para intimidar y rastrear potenciales enemigos de los EEUU: nunca sirvieron para evitar duplicidad de votos, sólo eran para detectar la secuencia del voto, ya que las máquinas de Smartmatic guardaban una imagen de la huella con cada voto... nadie sabía que tenían esa capacidad. Asumimos que eso sería tecnología del pentágono. Eso le permitió al CNE obtener la lista de votantes y votos, con lo cual se realizó la cacería de brujas que costó la vida a tantas personas. Y el régimen, un teatro de gobierno apenas sustentado por los petrodólares y el caos, el vínculo era el mismo José Vicente quién se dice que estaría moribundo o ya fallecido, haciéndole compañía al desgraciado de Fidel. Fidel también estaba involucrado pues fue él quién diseñó la estrategia mediática para que nadie sospechara. Muriendo Fidel, muchas cosas cambiaron, pero aun sigue la Isla bajo el caos de un Raul que es peor que su hermano.

Me pareció asombroso lo chismoso que puede ser un soldado; luego de la comunicación satelital, es la forma de transmisión de datos más rápida que existe. Y después nos quejamos de las doñitas! Es demasiada información y lo sabe demasiada gente. A veces me pregunto que tanto de esto habrá sido inventado y que tanto será realidad.

Y la realidad es que ahora nos vamos para Petare. Llegó la hora del combate.